La afirmación de la Democracia

Los elementos fundamentales de nuestra realidad se nos ofrecen, a primera instancia como muy sólidos e inamovibles. Tomemos, por ejemplo la idea de la democracia en un país como México. Hay instituciones y hay leyes para que se haga valer esta forma de gobierno, están en la constitución misma. Pareciera, de primera vista, que la democracia existe como existe una montaña en el campo, inamovible, un lugar al cual asirse. Uno va y toca la roca en cuestión y concluye que está tocando la democracia. Lejos de ahí solo existe de oídas. Esto, claramente, dista de ser el caso.

A la democracia, que es una idea y una forma de gobierno, hay que afirmarla. La percepción de solidez puede que venga de los subproductos de la democracia. Instituciones como en INE, INAI, TEPJF, etc. tienen edificios, personas especializadas y son parte del gobierno. Sin embargo, por más firmes que se vean las instituciones, siempre dependen del consenso de la sociedad donde están embebidas. La convicción de la gente en esta forma de gobierno es el verdadero asidero de la democracia.

Si uno observa la historia de la humanidad, nota uno rápidamente que la democracia es más bien la excepción que la norma. Siempre el poder se concentró en una persona: hubo reyes, emperadores, zares, faraones, tlatoanis, etc. Ciertamente había personas con relativo poder a su alrededor, pero la soberanía era del mando principal. Asimismo no siempre han habido derechos humanos, ni leyes que protejan a quienes no detenten algún puesto de poder. Lo resultante es que la norma ha sido un poder autoritario, sin miramientos a los derechos de las personas. Sin leyes que protejan a los ciudadanos. La fuerza, parece ser, es lo que gobierna entre los seres humanos. Quién más tenga, más manda. Así la lógica del mundo.

Ante una realidad tan dura, surgieron algunas teorías sobre gobiernos igualitarios de seres humanos. En las formas de gobierno anteriores había una clara acepción de personas: los nobles y el pueblo. La nueva forma de gobierno consideraría a todos como iguales. Dicha nueva forma está basada en la antigua sociedad ateniense, pero con una situación distinta. Al menos en principio los ciudadanos son iguales, pues la práctica necesitará de más estructura para proteger al espíritu democrático.

La democracia es entonces algo no evidente. Sus ventajas solo son visibles a gran escala y tras largo tiempo, no hay la sensación de inmediatez que da el autoritarismo. Es un estado de gracia que se sigue por creencia y en el que se tiene que tener fe.

Por más bella que nos resulte la idea de un gobierno igualitario, sigue siendo una idea y hay quién afirmará que la realidad se impondrá de manera tajante al final. Eso sería verdad si no tuviéramos ejemplos donde esta forma de gobierno ha hecho raíz y florecido.

Hoy todo el mundo sabe que Estados Unidos es la gran potencia mundial pero olvidad que es un país que se fundó como una gran apuesta a lo que entonces era teoría. Hace 250 años el territorio donde se encuentra Estados Unidos era un conjunto de colonias con algunas ciudades y no era el país que conocemos hoy en día. La gran innovación de dicho país fue su sistema político. Sin embargo, no se tenía la certeza que sirviera.

Recordemos que Alexis de Tocqueville, hizo un viaje por Estados Unidos por ahí de 1831 y posteriormente publicó el hoy clásico ‘La democracia en América’. Es reveladora su perspectiva, ya que muestra lo mucho que distaba aquel país del que es hoy en día. En algún punto se pregunta si la democracia permitirá el desarrollo de las artes y las ciencias. A ese nivel se tenía incertidumbre del sistema político. Sin embargo de Tocqueville se da cuenta de lo prometedor de aquel país. Comenta que será una gran nación del mundo. Lo interesante es que la base para afirmar esto es tanto la estructura política como las costumbres de los ciudadanos de aquel país. El espíritu de igualdad es una parte fundamental del sistema político.

Por ejemplo, habla de como se le da primacía a la comuna, después se pasa al estado, y por último a la federación. Parte fundamental de como funciona el país es la descentralización y la independencia de las comunidades. Así también se habla de la función del jurado por su efecto en la política del país.

Sin embargo, parte fundamental son las costumbres nacionales. Habla de la religión como esencial para entender el país y los sentimientos democráticos. Muy fundamental también resulta la libertad de prensa y de asociación política. Así también hay un amor a la igualdad como a la libertad. En fin, es por las costumbres, el temperamento o el carácter estadounidense por lo que se gestó el sistema. También hay una contraparte, pues el sistema asimismo influye en las costumbres y el carácter de los ciudadanos.

Entonces, el sistema afirma la idea del gobierno y los ciudadanos afirman la forma de gobierno. Así se mantiene el estado de gracia ante la naturaleza. Pero, el movimiento es necesario, la acción afirmativa es crucial. La democracia es, a fin de cuentas la afirmación de la democracia. No hay error en la frase anterior, es autoreferencial a propósito. Expresa la situación del sistema político. Así pues, es responsabilidad de los que creemos en esta forma de gobierno el afirmarla.

Entonces, volviendo a México en tiempos de Morena. Bien sabemos que la 4T tiene un afán transformador profundo, lo cual es loable. Sin embargo, quizá ha tocado instituciones ya establecidas que mantenían la costumbre o el actuar democrático de manera vigente. Por ejemplo, la reforma al INE. Otro punto importante es el respeto a la libertad de expresión. Quizá el mandatario ha abusado de esta libertad al atacar a medios de comunicación. Nos presenta una paradoja pues el mandatario no tiene la libertad de expresión si el ejercer esta libertad vulnera la categoría de la libertad de expresión.

Así pues, es posible que no veamos inmediatamente los efectos de la democracia. Quizá en México es todavía una forma incipiente de gobierno y no tenemos aún los efectos y rasgos culturales de vivir en democracia. Aún así hay buenas razones para confiar en esta forma de gobierno.

No dejemos abandonadas a las instituciones, pues ellas refuerzan el sentimiento democrático. Debe venir de ambas partes, del amor a la igualdad y la libertad y de seguir las reglas establecidas. Es un proceso cultural y como tal la sociedad debe adaptarse en su debido tiempo. No siempre se pueden adelantar los procesos, pero hay que seguir construyendo la igualdad y libertad entre ciudadanos.


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