El faro de Alejandría

A Malena se le hizo de noche, tenía pendientes que sacar. Aún así tomó el coche para ir a buscar a su hijo menor que se quedó con su hermana que vive a hora y media por la carretera junto a la costa. Se llevó a su hija consigo para visitar a la tía. La niña se durmió sin haber siquiera salido de la ciudad, estaba cansada de estudio y ejercicio. Ya no es una niña, tiene 15 años, pero la costumbre de llamarle así persiste. Ella y Teodoro tienen otro hijo, que no vive con ellos pues se fue a estudiar a la universidad fuera del país. Es una niña muy linda, cariñosa y atenta, le hace compañía a Malena. Empieza a tener vida social y Malena disfruta de ver como crece. Sin embargo, Malena se siente un tanto intranquila últimamente. Ha estado trabajando, pero está pensando en Teodoro, que justo ahora está lejos, muy lejos. No podría tomar un transporte para ir a verlo pues está en el espacio.

Si bien Teodoro no está muy lejos de la Tierra, el espacio sigue siendo intimidante, hay mucho que puede salir mal ahí a fuera. Un proyectil de suficiente tamaño, una falla mecánica o eléctrica. El sistema de navegación necesita de electricidad. Por si esto fuera poco fue al espacio a hacer un experimento algo peligroso por su novedad. Un nuevo motor de propulsión para naves que promete lo hasta ahora imposible: viajar a otros sistemas solares. El sistema del motor se bada en la creación de agujeros negros que propulsarán la nave a gran velocidad. No quieren crear un agujero negro que pueda devorar la Tierra. Ya le explicó Teodoro varias veces que eso no pasaría, el sistema está bien pensado, el agujero se esfumaría demasiado rápido en caso de no se contenido. Aún así Malena se preocupa. Teodoro le ha explicado que lo que necesitan más bien es un espacio recto muy grande para probar la velocidad del motor. Además se quitan el impedimento de la fricción con el aire de la Tierra. Les sale mejor hacer el experimento ahí fuera. Justo ahora Malena recuerda el día antes de la partida de Teodoro hace tres meses. Discutieron mucho tiempo, Malena trataba de convencerle que no fuera. Teodoro le explicó que no había mucho problema. Le explicó un poco de la teoría detrás para que entendiera que no había nada que temer. Sin embargo, a Malena le preocupaba más el bienestar de su esposos de lo que le entusiasmaba la idea de un motor ultrarápido. Era demasiado importante para no intentarlo, fue la objeción de Teodoro. Odiaba esto, cuando él tenía la razón, pues lograba hacer un caso convincente sin recurrir a enojos ni regaños. Aún así la dejaba en una ligera angustia. Esa ligera gota de agua que va llenando el vaso. No estaba desesperada pero había sentido aflicción últimamente. Le nublaba el pensamiento. Había olvidado hacer de comer hoy para la niña y para ella por estarle dando vueltas a nada en específico. Fueron a comprar hamburguesas.

En ese momento llegó un mensaje. En la pantalla del coche vio que era un video de Teodoro. No pueden hablar en vivo pues está muy lejos para esa comunicación. Lo único que puede hacer es mandar videos . Se triangulan para que llegue el video al celular. Malena ve la notificación y le pone play, lo irá escuchando.

— Hola Male, ¿cómo estás? ¿Los niños? Aquí estoy bien, extrañándote. Pero justo ahora no nos sale el experimento. No se que pasa, el motor se apaga antes de alcanzar la velocidad deseada. Ya intentamos varias cosas pero sigue apagándose. Estoy algo estresado ¿sabes? Bueno, tengo unas ideas de lo que puede estar pasando, ya te contaré. Tuve un sueño rarísimo. Soñé que era miss Universo, posiblemente por estar aquí en el espacio. Tenía puesta la cinta y todo. No solo eso, también debía explicar el sentido de un poema épico a todo el mundo. En fin, luego te cuento el sueño completo. Te mando besos y abrazos mi amor. Abraza a los niños de mi parte.

Terminó el video. Malena no pudo evitar sonreír por la ocurrencia de Teodoro. Casi se le va la congoja en ese momento. Entonces, después de una larga curva se alzó ante ella la estructura del faro. Desde la ciudad se ve el fulgor en el cielo, pero ya se acercó lo suficiente. También le suelen llamar la estrella. Una torre ancha de la base que se va haciendo angosta a medida que sube. Toda blanca. Culmina hasta arriba en un reactor de fusión expuesto, literalmente una estrella. Dicha estrella está contenida en un campo especial. Se alza imponente 150 metros sobre el suelo.

La contención es casi total, lo único que deja escapar es la luz. Y da bastante luz, ilumina buena parte de la carretera, ya no hacen falta tantos postes de luz. Teodoro le explicó el mecanismo del reactor alguna vez, es el mismo principio con el que funciona el motor de agujeros negros, solo que en menor intensidad. El reactor sí produce energía, la que se usa en su contención. Además de iluminar la carretera. Sirve así también como faro, se ve la luz bien entrado en el mar. A Malena se le hace una gran muestra de vanidad. ¿Para qué construir esa fastuosa estructura? ¿Qué es sino una demostración de proeza tecnológica y poderío? Un símbolo de la ilustración se le ha llamado, así como el faro de la libertad, entre otros nombres. Alguna vez le preguntó a Teodoro qué pensaba de aquello, pues es en parte fruto de su trabajo, a lo que respondió que no era su trabajo darse importancia de más. Su trabajo es que funcione la teoría y el experimento. Su trabajo es entender y aplicar.

Pero el ser humano no suele ser tan racional, este nuevo faro de Alejandría se yergue altivo e imponente. Los antiguos alejandrinos tampoco necesitaban un faro de 100 metros de alto. Siempre ha sido cuestión de símbolo, vanidad de vanidades. El ser humano tecnologizado y todo sigue siendo muy humano.

Pasó de largo el faro, la niña, que siempre disfrutaba de verlo siguió dormida durante todo el trayecto. Por fin llegaron donde la hermana. Esta la recibió junto con su esposo. Malena despertó a la niña y le dijo que fuera a dormir a la casa de la tía. La niña arrastró los pies, iba medio dormida. Saludó a sus tíos y se fue a dormir junto a su hermano. Malena fue con su hermana y cuñado al comedor donde se sentaron a platicar. Les externó sus sentimientos. Ellos trataron de ayudarla lo más que pudieron. No hablaron tanto rato, se había hecho de noche, les venció el sueño. Malena se durmió junto a los niños, había un sofá-cama en el cuarto.

Por la noche Malena tuvo un sueño. Estaba frente al faro de la carretera. La estrella estaba prendida como siempre. De repente algo empezaba a sonar, una especie de alarma. La estrella creció de tamaño y de repente se contrajo y un velo oscuro esférico tomó el lugar de la luz. El campo que lo contenía comenzaba a oscilar, no parecía poder contenerlo. El campo por fin cedió, era un agujero negro expuesto. El aire empezó a fluir en su dirección, era agitado. El agujero crecía. Los árboles a su alrededor se doblaban hacia el agujero. De repente, una antena de comunicaciones llegó volando y fue absorbida por el agujero. El mar se empezó a meter a la selva. En el cielo se formó una espiral de nubes sobre el agujero. El agujero crecía, el viento intensificaba. Sonaba un chirrido agudo. Era una visión de devastación, una visión del fin de los tiempos.

Entonces Malena se levantó asustada, alcanzó a decir ¡No! Por un momento no sabía si seguía en el sueño y se levantó rápido para ver por la ventana. Se percató que no había problema. Fue a ver a los niños, dormían tranquilos. Fue a la cocina, se sirvió un vaso de agua. Llegó a la ventana y vio el cielo nocturno. Llegó el gato de su hermana junto a ella a restregarse en su pierna. Lo estuvo acariciando y se tranquilizó.

Tres meses después Teodoro llegaría de vuelta en la nave con la que se fue. El experimento había funcionado pero habían que hacer más pruebas. El día de la llegada Malena y los niños estaban en la gran plataforma de la que salen las naves. Ahí estaba en lo alto la nave aterrizando. Una camioneta fue a buscar a los astronautas y los trajo de vuelta a donde estaban las familias. Se abrió la puerta de la camioneta y salieron los astronautas, ahí estaba Teodoro, quien sonrió al ver a su esposa e hijos. Fue corriendo con ellos. Abrazó a Malena fuerte, más de lo que ella esperaba y por más tiempo. Se separaron y él se limpió las lágrimas de los ojos.

— Te extrañé– le dijo.

Malena comprendió que él la había extrañado igual que ella a él.


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