A López Obrador se le ha dicho de todo: que si tiene ocurrencias, que si su lenguaje no es lo suficientemente elevado, que si es un mesías tropical, etc. La principal rama argumentativa del conjunto de críticas es, a mi parecer, la que quiere tildarlo de ser una persona que actúa (o actuó en su mandato) de manera ideológica y fantasiosa, sin apego a la realidad ni al acaecer nacional. Ya que seguimos en un gobierno que es parte de su legado, pues Sheinbaum es en gran medida continuadora de su proyecto, es pertinente preguntarse por sus bases ideológicas. Yo entonces me pregunto ¿Es (o más bien fue) López Obrador realmente un idealista y fantasioso?
Aquí cabe una aclaración, yo me planteo esta duda no al nivel del gobernar día a día, sino a nivel de su proyecto, su visión de país abstracta.
Primero hay que entender quién es realista y pragmático hoy en día. Para ello hay que recordar que el giro antiestatista y fundamentalista de mercado normalmente llamado neoliberalismo se fundamentó a si mismo al auto-nombrarse la vía más realista y pragmática. Es muy pertinente la famosa frase de Margaret Tatcher, quien afirmó que ante dicha vía “no hay otra alternativa”. Dicho movimiento ideológico se planteó como respuesta a una crisis del estado benefactor de los 70’s del siglo pasado en Estados Unidos y el Reino Unido. Después, el resto de occidente adoptó dicho sistema. Con ello, poco a poco en occidente los conceptos de realismo y pragmatismo se subsumieron al de neoliberalismo. Recuerde que estoy hablando en términos económicos y políticos.
Ahora bien ¿es México parte de occidente? Pareciera ser así por la afinidad cultural, religiosa e ideológica. Pero más bien está justo a fuera de occidente, es decir es parte de su periferia.
Entonces, no es coherente que la vía realista y pragmática para occidente sea la misma para la periferia de occidente. En la periferia no hay la misma industria, cadena de suministro, estándares de calidad, infraestructura etc. No lo había en los 80’s del siglo pasado ni sigue habiéndolo hoy en día. Ser neoliberal en México más bien implica ser un idealista. Alguien que imagina un país con soberanía tecnológica, medios de producción y capital propio que, hoy por hoy no existe. Un neoliberal mexicano que afirme ser realista y pragmático me parece como aquella persona que, viviendo en Cancún construye una casa con una chimenea, para cuando haya frío. Suena a broma pero es anécdota, hay quien lo ha hecho.
El programa de López Obrador, aún vigente, es entonces la vía más realista y pragmática para México. Él mismo llamó a su visión de país el ‘Humanismo mexicano’. Humanismo porque su eje rector son los seres humanos. El adjetivo mexicano podrá sonar contingente pero es fundamental: es un sistema pensado en México, podrá no funcionar en Malasia o Indonesia. Esta localidad de su perspectiva es el gran acierto de López Obrador. Observe que incluso el mismo López Obrador se percata de su realismo y pragmatismo al decir que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre [por tanto no hay otra alternativa]”. El paréntesis lo puse yo, pero la oración es coherente.
¿Debemos entonces acoplarnos únicamente al Humanismo mexicano? No, el ser humano necesita idealismo. Sin idealismo no se hubieran fundado los Estados Unidos de América, ni se hubiera independizado México. ¿Quién dice que un gobierno debe ser realista y pragmático? Necesitamos un idealismo, pero que no sea basado en ideas importadas que creen una ideología baladí. Si el deseo de lograr soberanía y prosperidad así como de una descolonización profunda es real, necesitamos una ideología que no existe, un ‘Idealismo mexicano’. Idealismo porque busca construir algo que no existe únicamente basado en ideas y mexicano porque es desde la perspectiva local.
Lo que ha ofrecido el neoliberalismo mexicano es una apertura a occidente que ha propiciado la entrada de empresas trasnacionales que, con lógica capitalista han obtenido fuerza de trabajo a bajo costo. Pero con la lógica de obtener una ganancia neta para las empresas, no son organizaciones benefactoras. México entonces ofrece trabajo vivo que se transforma en capital y se extrae del país. El país necesita entonces una expropiación del capital que hoy se extrae. Necesitamos a nuestros propios capitalistas que tengan los medios de producción, tecnología, fuentes energéticas etc. que mantengan el capital dentro del país. Ya hay, claramente un grupo importante de capitalistas, pero una soberanía plena necesita sus propias empresas de tecnología y su propia línea completa de suministro.
Yo creo que la clave está en los pequeños y medianos capitalistas que ya producen productos de calidad. El objetivo debe ser un mayor número de dichas pequeñas y medianas empresas, es decir, necesitamos nuevos contendientes en el panorama empresarial. Así también empresas de servicios de buena calidad. Finalmente necesitamos competencia que regule los precios.
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