Mucho se habla hoy en día de la situación geopolítica actual. Más ahora con la reciente guerra de Irán. Que si habían líneas rojas, que si había un orden institucional, que el lenguaje etc. Todo causado por el votante norteamericano que dio un giro ideológico fuera de lo que se consideraban las reglas usuales de la política de su país. Aún sin tener un rumbo claro, el votante, harto de la política usual, decepcionado por las promesas no cumplidas, conserva, sin embargo, algo de la estructura que decidió dejar atrás: su confianza en el mercado y más concretamente en los negocios. El ‘businessman’ sigue siendo un ideal al que aspirar. Los MAGA’s, por más antisistemas que se autoproclamen eligieron a un hombre de negocios como líder. Sin embargo parece ser que no siempre confían en los negocios.
Aquí hablo de los negocios como ese actor sigiloso que regula todo e iguala la condición humana a la vez que crea riqueza. La primer ola del liberalismo confiaba en este carácter igualitario de los negocios, Voltaire elogiaba las casas de bolsa, al observar que eran lugares donde no se hacía distinción de personas por su color de piel ni por su religión. Esa es la esencia positiva de tener un fin en común a pesar de las diferencias de origen.
Lo que me lleva a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Se logró de manera eficiente atacar la cúpula del poder: el terrible Ayatollah y demás séquito removidos por la fuerza. Sin embargo, la estructura de poder está intacta, lo cual era de esperar. No es un proceso que acabe súbitamente. Trump, sin embargo, intentó interpelar al Iraní de a pie, llamando a la insurrección.
Hay voces que dicen que el régimen iraní estaba decaído, por lo que posiblemente no fuera tan ingenua dicha insinuación. Pero ¿porqué no funcionó? Yo creo que fue porque Trump no ofrecía ningún proyecto alternativo. No se molestaron en pensar alguna alternativa que les conviniera al pueblo iraní. Yo creo que tal proyecto es posible, consiste en confiar en el mercado.
En primer lugar, es un hecho conocido que con el régimen de los Ayatollah’s la economía Iraní se arruinó (en parte por las sanciones internacionales en su contra). En segundo lugar, sabemos que China quiere expandirse a occidente por tierra, reavivando la antigua ruta de la seda. Parte de dicho recorrido pasaría por Irán.
Lo que debería hacer Estados Unidos entonces, es muy simple: aliarse con China, incentivar los negocios de esta con Irán y confiar en el mercado. Incluso podría hacer negocios con Irán, comprándole petróleo, por ejemplo. Así, mediante un proceso secular y con beneficios tangibles el pueblo Iraní dejará de ver a la teocracia como única opción viable y confiará en un régimen, si bien religioso, al menos no extremista y con una visión abierta al exterior.
Claro, esta es una apuesta diplomática, muy distinta que arrojar bombas y esperar que eso arregle todo. Es una solución que implica más trabajo y tiempo, pero que afianza los lazos con las personas y que las interpela de verdad.
Leave a Reply