Entra una agradable luz vespertina por la ventana del cubículo. El Dr. Humberto Ramírez ha decorado su oficina con muy buen gusto. Hay plantas, cuadros, libros, curiosidades, así como hojas de exámenes por revisar y artículos por leer y otro tanto ya leídos. Estuvo buena parte del día pegado a la pantalla de su computadora. Pero ahora se le ocurrió hacer unas cuentas a mano y se levantó a escribir en el pizarrón. Llenó el pizarrón con anotaciones, es un continuo: un discurrir coherente de pasos algebraicos, un poco de cálculo y algunas suposiciones razonables.
Llegó así a un punto del cual no podía pasar. Se quedó un rato pensando de pie, después decidió sentarse en una silla auxiliar, la de visitas. No sabía como continuar, algún truco le serviría, pero no le venia nada a la cabeza. Estivo un rato viendo el pizarrón, rascándose la barbilla. Vio el reloj, las 18:30. Empezó a pensar en su estado mental, con una premonición pero sin una idea concreta. Cuantas veces no había estado así. Quizá este estado es solo una especie de purgatorio, en el que hay que expiarse de todos sus pecados, solo a si se llega al paraíso de las ideas concretas. Así es que ya sabe la respuesta, o así parece. Estuvo cavilando en esa alegoría en su cabeza, jugaba con la idea, a ver hasta donde llegaba. Volteó a ver el reloj, 19:15. Habían pasado 45 minutos como si nada. Ya es tarde, hay que ir a casa. Guardaba todas sus cosas en una mochila cuando vio en la ventana y vio una gaviota volando, a fin de cuentas el instituto está cerca del mar.
Tomó su coche y manejó a casa. Es una casa linda, de dos pisos y con un decorado de muy buen gusto, pero tiene un estilo distinto al del cubículo, el estilo es una mezcla con el gusto de su esposa. Después de estacionar abrió la puerta y saludó a su perro. Akame, su esposa, aún no llegaba, así que él empezaría a preparar la cena. Sacó unos espárragos, unos huevos y un poco de jamón. Sería algo sencillo. A Humberto le gusta cocinar y en específico para ella. A penas tienen dos años de casados y todavía se siente como novedad que uno le cocine al otro. Ella también trabaja en una oficina. Humberto escuchó la puerta de la entrada abrir y cerrar.
— ¡Llegué, traigo cosas!– dijo Akame con entusiasmo.
— A ver, te ayudo, le dijo Humberto mientras iba a cargar las bolsas del supermercado.
— ¡No te esfuerces demasiado!– dijo Humberto.
Akame está embarazada, de siete meses. Aún así insiste en ir a la oficina y hacer tareas domésticas habituales.
— A ver, préstame acá. Llevó las bolsas de Akame a la repisa de la cocina.
— Tu siéntate, ahora te sirvo de cenar.
— Muchas gracias.
— ¡Aquí lo tienes! Te sirvo agua.
— Gracias, que amable. ¿Cómo te fue hoy mi amor?
— Todo normal, di mi clase y después en el despacho, sin novedad. ¡Ah bueno! cuando fui por café me encontré al doctor gato, je je.
— Ya te he dicho que no le digas así ni a su espalda, un día se te va a salir frente a él.
— Bueno bueno, solo lo defiendes porque ambos son de la misma parte del mundo, pero a mi me sigue pareciendo curioso que alguien se llame Miao. Además ya ves como es de taciturno.
— Tu porque siempre tienes que estar escuchando que alguien hable. Es buena persona y su esposa es muy amable y mira que son de Hong Kong. ¿Y de que hablaron?
— Me preguntó detalles sobre escribir un proyecto de investigación que si consiga fondos. Al parecer ha tenido mala suerte.
— Ah, muy bien, pues apóyale en lo que puedas.
— No se, siento que no le agrado realmente. Me da la impresión de que habla mal de mi, me mira para abajo y critica todo lo que hago.
— No digas eso, te aprecia bastante. Lo que pasa es que los chinos podemos aparentar ser un poco duros con gente fuera de la familia.
— Bueno, supongo que tienes razón.
— Te hace falta empaparte de la cultura china amor mío, vas a tener un hijo mitad chino y no sabes lo básico papito lindo.
— Tu te defiendes con las frases mexicanas eh.
— Soy buena estudiante. ¿Y en qué trabajaste hoy?
— Ah, bueno…
Dudó unos segundos. Se quedó pensativo repasando ideas, abrió los ojos, veía al techo, asentía con la cabeza. Akame lo veía interesada.
— ¿Y bien?– inquirió Akame.
— Si, si, bien, ya te puedo contar sobre mi teoría, aunque no esté completa. ¿Has escuchado sobre la interpretación de muchos mundos de la mecánica cuántica?
— ¿La qué de los mundos cuánticos?
— Okey, okey, mira, cuando se descubrió que los átomos seguían reglas distintas a los de la mecánica conocida se le denominó ‘cuántica’ a esta nueva mecánica, que tiene unas reglas matemáticas bien definidas. Pero a diferencia de la mecánica clásica, cuya base es la intuición misma de los cuerpos físicos de cada día, las reglas de esta nueva mecánica desafiaban, y aún hoy desafían a la intuición. El mundo atómico (y después vimos que se aplica a todo a cierta escala) no se acopla a nuestra experiencia diaria. Sin embargo, el aparato matemático está bien establecido. A falta de intuición directa, necesitamos una teoría sobre la teoría concreta, es decir, una meta-teoría que explique, de manera intuitiva lo que sucede. Hay varias de esas meta-teorías, pero se les llaman ‘interpretaciones’ de la mecánica cuántica. Hay una de esas interpretaciones que se llama de muchos mundos. Lo que pasa es que la mecánica cuántica permite que haya estados específicos (ya sea de energía o posición o lo que sea) superpuestos. Es decir, dos estados distintos pueden existir al mismo tiempo. En la mecánica clásica de todos los días esto no tiene sentido, Schrödinger lo llevó al extremo ideando una situación en la que un gato estaría vivo y muerto al mismo tiempo. Lo que sucede es que cuando se mide, se observa directamente de manera particular, no me detendré en detalles, pero al observar el estado se colapsa.
— Colapsar suena a que algo se destruye. Como cuando se colapsa un edificio o una persona.
— Si, pero aquí es una forma de hablar, en mecánica cuántica el colapso tiene que ver más bien con un cambio, abrupto, si, pero un cambio a fin de cuentas, no hay destrucción. El gato de Schrödinger pasa de estar vivo y muerto a estar o vivo o muerto. El problema es que no sabemos como elige la naturaleza que estado va a elegir. La elección es aleatoria. La cuestión ahora es como hacer sentido de la elección de un estado específico. ¿Porqué la realidad elige un estado sobre otro? Ante este vacío epistémico surge la interpretación de que todas las posibilidades suceden, solo que en universos paralelos. Existen pues, muchos mundos y la elección de un valor específico nos indica el mundo en que estamos.
— Oye cariño, está todo muy interesante pero pensaba que trabajabas en temas de la conciencia.
— Ya voy para allá. Digamos que esto forma parte de la mecánica cuántica ortodoxa. Ahora es donde entra mi teoría. Se ha corroborado experimentalmente que la conciencia está relacionada con el colapso de la función de onda. Ahora bien ¿qué divide los universos paralelos? ¿Cómo se brinca de un universo a otro? Yo afirmo que la conciencia es un continuo devenir y que en dicho devenir la conciencia siempre está brincando entre universos paralelos. Estar consciente es un viaje por el multiverso.
— A ver, a ver, pero ¿no sería la realidad una locura sin sentido? Como en las películas.
— No, justamente. Lo que sucede es que la realidad es estable, un cambio pequeño no altera todo, es decir, los universos que visitamos son muy similares entre si.
— ¿Pero qué pasa si un cambio pequeño tiene grandes repercusiones, como la mariposa y el caos?
— Justo aquí se pone interesante la teoría. Si, de cuando en cuando un pequeño cambio tiene grandes repercusiones y hay vertientes de universos cuya realidad es completamente distinta a la que experimentamos. Habrá universos en los que soy un escritor de novelas, otros un periodista, en otros ingeniero et cétera.
— ¿Y con quién estás casado ahí?
— Con otras versiones tuyas mi amor, pero eres morena en algunos, en otros rubia.
— Okey, como que me gusta la teoría.
— Imagina todas las posibilidades, tiene un lado feo también, pues en algunos universos habré muerto, vaya, lo siento por ellos. Pero en otros estoy vivo y me va muy bien.
— Bueno, pero ¿qué diferencia hace? según entiendo no se puede hacer nada al respecto si todo es aleatorio.
— No, ideé una forma de hacer un colapso dirigido y observar, con ayuda de mi computadora con electrodos en mi cabeza y haciendo meditación, otras versiones mías. He paseado por el multiverso. De hecho, los ejemplos que dije los vi yo mismo. En principio todas las posibilidades son accesibles.
— Guau, luego me muestras. ¿No decías que la teoría no estaba terminada?
— Lo que pasa es que no se bien como colapsar los estados para ver el universo que deseo. Solo se cambiar y me da un resultado aleatorio. Es muy difícil saber como se comportará el sistema. ¿Quieres saber como se accede al multiverso?
— Suena interesante, pero tu hijo y yo ya tenemos sueño. Me platicas luego.
— Está bien mi amor, descansa.
Akame se levantó haciendo un esfuerzo con su barriga. Se acercó a Humberto y le dio un beso. Lavó su plato y subió a dormir. Humberto terminó de cenar y siguió los pasos de Akame, llegó a dormir a su lado.
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