El Ariete del Cambio Climático

Uno de los peligros de la democracia es que puede sentar las bases para su propia destrucción. El problema es que hay personas que son un peligro público y tienen acceso a un relativo poder. Tómese, por ejemplo, el fenómeno de la candidatura de Javier Milei en Argentina. Estamos hablando de alguien que ve la posibilidad del tráfico de personas y venta de órganos humanos como un negocio viable. Ya se ve que los argentinos están desesperados económicamente. Pero Milei no es una opción viable, hay que resistir el embate de los malos tiempos. Milei es solamente la cara de la desesperación: tirar todo a la borda, la ética, los derechos humanos, llevar el país a la barbarie. Aunque se necesita ser creativo para salir del atolladero, lo que propone no es creativo realmente si se sale de lo admisible. ¿Really Argentina? ¿Qué se le ocurrirá después? ¿Decretar que los alfajores lleven caca de perro para ahorrar dulce de leche? ¿Empeñar la copa mundial de fútbol (masculina) para pagar deudas? Lo creo capaz. La barbarie es desgraciadamente muy común en la historia de la humanidad, no es para nada una salida original.

Encima de todo, es negacionista del cambio climático. Ahora, ya que dudo que Milei esté en sus cabales, pensemos en los negacionistas habituales del cambio climático. Tengamos en mente el capitalista trabajador que si bien siente el clima más cálido que antes, ve menos insectos en su parabrisas y más o menos se informa, piensa que los que hablan del tema son hippies ociosos que quieren ir en contra de gente honrada como él. Y es que cuando se niega el cambio climático, se niega seriamente, la ideología potente en este caso es el modo de producción capitalista. Si algo puede ceder ante su comodidad es el medio ambiente.

Habría que ser considerado con nuestro negacionista, nadie como humano puede estar al tanto de todo en el mundo, hay cosas que por fuerza se tienen que ignorar, no podemos preocuparnos por todo lo que está mal. Lo que le da más beneficios directos a nuestro capitalista en cuestión es el bello mundo de las transacciones materiales. Mientras que los bosques y animales si bien son muy bonitos no son habituales en la esfera de su vida. La esfera del capitalismo lo arropa tiernamente.

Sin embargo el cambio climático entra por la fuerza en la esfera del capitalismo. Considere el huracán Otis que acaba de azotar la ciudad de Acapulco en el pacífico mexicano la semana pasada. Es un huracán anómalo: pasó de ser tormenta tropical a huracán categoría 5 en 12 horas, algo inaudito. Normalmente los huracanes tardan días en alcanzar dicha fuerza, una semana aproximadamente. Los modelos matemáticos simplemente no cuadran. La razón de dicha anomalía la conocemos hace tiempo: el calentamiento global debido a la actividad humana. Pertenece a una tendencia de huracanes que cobran fuerza con una rapidez extrema.

La ideología capitalista nos arropa con la bella promesa de que el esfuerzo personal es recompensado, ante la alternativa, que es una especie de caos. El cambio climático irremediablemente al parecer irrumpirá en esa realidad. Ya está irrumpiendo. El huracán Otis es un vestigio del Ariete del cambio climático. El realismo capitalista, la concepción que el sistema actual es el único posible nos confronta con dos alternativas: caer estrepitosamente o cambiar. Es momento de hacer lo más productivo posible: pensar. Así es, pensar en como salir de este atolladero, imaginar un futuro viable. Aunque Argentina está en una situación desesperada, el mundo posiblemente estará en una situación similar próximamente.

No creo saber la alternativa al sistema de producción actual, mi punto más bien es que ser un proteccionista aferrado del sistema capitalista como lo vivimos actualmente ya está afectando a la humanidad. El cambio climático afectará la producción de la riqueza material y la idea de la meritocracia. La prosperidad está en juego.

El medio ambiente es delicado, a penas un poco (comparativamente) de actividad humana le ha pasado factura. Sin embargo el medio ambiente ha sabido sobrevivir. Lo que se pondrá a prueba es la robustez del sistema actual. Es importante saber si tenemos un sistema rígido, que resistirá a los embates del mal tiempo. Sin embargo, un sistema rígido puede llegar a un punto de quiebre y colapsar por completo, esperemos que no sea el caso. Necesitamos, como bien comenta Nassim Nicholas Taleb, un sistema más antifrágil, que se mantenga sin punto de quiebre.

Irónicamente, uno de los contribuyentes más importantes a los gases de invernadero que dan origen al cambio climático es la industria ganadera. Aproximadamente un tercio de las emisiones de metano producido por el humano viene de esta industria. Así pues, se podrían reducir emisiones con cambios en la alimentación. ¿Quién diría que las flatulencias vacunas marcarían el posible declive de la civilización? Es como un plan malvado de algún villano de cómic, el guasón de Batman por ejemplo.

La pregunta a responder es ¿Qué tipo de esfera es la del capitalismo actual? ¿Una frágil? Así pues, los negacionistas del cambio climático realmente no son preocupantes: se enfrentarán a la realidad tarde o temprano y la naturaleza no suele ser cariñosa. Otra posibilidad es que ante el embate de la naturaleza sólo vean caos y no utilicen el simple concepto de cambio climático causado por el humano.